NUESTRAS POSICIONES
Desde la Primera Guerra Mundial el
capitalismo es un sistema social decadente. Lo único que puede
ofrecer a la clase obrera y a la humanidad en general son ciclos de
crisis, guerras y reconstrucciones. De ahí que la única
alternativa que se plantea a la humanidad en la decadencia histórica
irreversible del sistema capitalista es: socialismo o barbarie.
La Comuna de París de 1871 fue
el primer intento del proletariado para llevar a cabo la revolución,
en una época en la que las condiciones no estaban todavía
dadas para ella. Con la entrada del capitalismo en su periodo de
decadencia, la Revolución de octubre de 1917 en Rusia fue el
primer paso de una auténtica revolución comunista
mundial en una oleada revolucionaria internacional que puso fin a la
guerra imperialista y se prolongó durante algunos años.
El fracaso de aquella oleada revolucionaria, especialmente en
Alemania en 1919-23, condenó la revolución rusa al
aislamiento y a una rápida degeneración. El estalinismo
no fue el producto de la revolución rusa. Fue su enterrador.
Los regímenes estatalizados
que, con el nombre de “socialistas” o “comunistas”
surgieron en la URSS, en los países del Este de Europa, en
China, en Cuba, etc., no han sido sino otras formas, particularmente
brutales, de la tendencia universal al capitalismo de Estado propia
del periodo de decadencia.
Desde el principio del siglo XX todas
las guerras son guerras imperialistas en la lucha a muerte entre
Estados, pequeños o grandes, para conquistar un espacio en el
ruedo internacional o mantenerse en el que ocupan. Sólo muerte
y destrucciones aportan esas guerras a la humanidad y ello a una
escala cada vez mayor. Sólo mediante la solidaridad
internacional y la lucha contra la burguesía en todos los
países podrá oponerse a ellas la clase obrera.
Todas las ideologías
nacionalistas de “independencia nacional”, de “derecho
de los pueblos a la autodeterminación”, sea cual fuere
el pretexto, étnico, histórico, religioso, etc., son
auténtico veneno para los obreros. Al intentar hacerles tomar
partido por una u otra fracción de la burguesía, esas
ideologías los arrastran a oponerse unos a otros y a lanzarse
a mutuo degüello tras las ambiciones de sus explotadores.
En el capitalismo decadente, las
elecciones son una máscara. Todo llamamiento a participar en
el circo parlamentario no hace sino reforzar la mentira de presentar
las elecciones como si fueran, para los explotados, una verdadera
posibilidad de escoger. La “democracia”, forma
particularmente hipócrita de la dominación de la
burguesía, no se diferencia en el fondo de las demás
formas de la dictadura capitalista como el estalinismo y el fascismo.
Todas las fracciones de la burguesía
son igualmente reaccionarias. Todos los autodenominados partidos
“obreros”, “socialistas”, “comunistas”
(o “excomunistas”, hoy), las organizaciones izquierdistas
(trotskistas, maoístas, y excomunistas, anarquistas oficiales)
forman las izquierdas del aparato político del capital. Todas
las tácticas de “frente popular”, “frente
antifascista” o “frente único”, que
pretenden mezclar los intereses del proletariado a los de una
fracción de la burguesía sólo sirven para frenar
y desviar la lucha del proletariado.
Con la decadencia del capitalismo,
los sindicatos se han transformado por todas partes en órganos
del orden capitalista en el seno del proletariado. Las formas
sindicales de organización, “oficiales” o de
“base” sólo sirven para someter a la clase obrera
y encuadrar sus luchas.
Para su combate, la clase obrera debe
unificar sus luchas, encargándose ella misma de su extensión
y de su organización, mediante asambleas generales soberanas y
comités de delegados elegidos y revocables en todo momento por
esas asambleas.
El terrorismo no tiene nada que ver
con los medios de lucha de la clase obrera. Es una expresión
de capas sociales sin porvenir histórico y de la
descomposición de la pequeñaburguesía, y eso
cuando no son emanación directa de la pugna que mantienen
permanentemente los Estados entre sí; por ello ha sido siempre
un terreno privilegiado para las manipulaciones de la burguesía.
El terrorismo predica la acción directa de las pequeñas
minorías y por ello se sitúan en el extremo opuesto a
la violencia de clase, la cual surge como acción de masas
consciente y organizada del proletariado.
La clase obrera es la única
capaz de llevar a cabo la revolución comunista. La lucha
revolucionaria lleva necesariamente a la clase obrera a un
enfrentamiento con el Estado capitalista. Para destruir el
capitalismo, la clase obrera deberá echar abajo todos los
Estados y establecer la dictadura del proletariado a escala mundial,
la cual es equivalente al poder internacional de los Consejos
Obreros, los cuales agruparán al conjunto del proletariado.
Transformación comunista de la
sociedad por los Consejos Obreros no significa ni “autogestión”,
ni “nacionalización” de la economía. El
comunismo exige la abolición consciente por la clase obrera de
las relaciones sociales capitalistas, o sea, del trabajo asalariado,
de las fronteras nacionales. Exige la creación de una
comunidad mundial cuya actividad total esté orientada hacia la
plena satisfacción de las necesidades humanas.
La organización política
revolucionaria es la vanguardia del proletariado, factor activo del
proceso de generalización de la conciencia de clase en su
seno. Su función no consiste ni en “organizar a la clase
obrera”, ni “tomar el poder” en su nombre, sino en
participar activamente en la unificación de las luchas, por el
control de éstas por los obreros mismos, y en exponer la
orientación política revolucionaria del combate del
proletariado.
NUESTRA ACTIVIDAD
La clarificación teórica
y política de los fines y los medios de la lucha del
proletariado, de las condiciones históricas e inmediatas de
esa lucha.
La intervención organizada,
unida y centralizada a nivel internacional, para contribuir en el
proceso que lleva a la acción revolucionaria de la clase
obrera.
El reagrupamiento de revolucionarios
para la constitución de un auténtico partido comunista
mundial, indispensable al proletariado para echar abajo la dominación
capitalista y en su marcha hacia la sociedad comunista.
NUESTRA FILIACIÓN
Las posiciones de las organizaciones
revolucionarias y su actividad son el fruto de las experiencias
pasadas de la clase obrera y de las lecciones que dichas
organizaciones han ido acumulando de esas experiencias a lo largo de
la historia.
La CCI se reivindica de los aportes
sucesivos de la Liga de los Comunistas de Marx y Engels (1847-52), de
las tres internacionales (la Asociación Internacional de los
Trabajadores, 1864-72; la Internacional Socialista, 1889-1914; la
Internacional Comunista, 1919-28), de las fracciones de izquierda que
se fueron separando en los años 1920-30 de la Tercera
Internacional (la Internacional Comunista) en su proceso de
degeneración, y más particularmente de las Izquierdas
alemana, holandesa e italiana.
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